LaPalma_Bosque de LosTilos_P Fern+índez¿Cómo es posible que 706 kilómetros cuadrados den para tanto? Parece mentira, pero la diversidad paisajística y la riqueza etnográfica de La Palma, conocida como la “Isla Bonita”, no tienen apenas comparativa en un territorio de dimensiones tan reducidas. Declarada en conjunto Reserva de la Biosfera, La Palma es una de las islas más montañosas del mundo, lo que unido al azote de los vientos alisios cargados de humedad, la convierten en la isla más verde del archipiélago canario. En este sentido, posee una riqueza en biodiversidad fascinante, con el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente como estandarte. El resultado de estos pilares es una diversidad de paisajes espectaculares, en donde el verde se funde con la lava volcánica, aderezada por una cantidad altísima de endemismos y variedades autóctonas. Por si fuera poco, La Palma puede presumir de uno de los cielos más despejados y con mejor visibilidad del mundo para contemplar el cielo y las estrellas.

En definitiva, hablamos de una isla de alto valor botánico, vulcanológico, geológico, astronómico y arqueológico, ideal para practicar ecoturismo. Si a eso sumamos la tranquilidad y el carácter abierto y hospitalario, tanto del entorno como de sus propios habitantes, en conjunto tenemos todos los ingredientes para practicar slow travel. En contraposición a los destinos masificados, los paquetes turísticos encasillados, las pulseritas del todo incluido o las visitas programadas hasta el último minuto, La Palma invita a la desconexión, a la recarga de energías y a integrarte en sus ritmos y costumbres. Una perspectiva mucho más romántica del concepto de viajar. En la “Isla Bonita”, el visitante puede palpar 706 kilómetros cuadrados de magia, centímetro a centímetro, convirtiéndose en un palmero más durante sus vacaciones, sin prisa pero sin pausa. ¿Qué más se puede pedir?

Tierra de costumbres, leyendas y tradiciones, La Palma conserva un gran legado cultural con huellas de diferentes etapas históricas. Desde los benahoaritas, antiguos habitantes prehispánicos, hasta el estilo colonial de sus ciudades, pasando por  su arquitectura rural, muy vinculada al entorno agrícola de la isla.

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Desde volcanes con coladas de lava de curiosas formas, hasta pequeñas calas y playas de arena negra, pasando por el paisaje teñido del verde más intenso, los barrancos más profundos, las montañas más imponentes o, incluso, por una “caldera”… La diversidad paisajística de La Palma no pasa inadvertida para nadie.

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Declarada Reserva de la Biosfera, con el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente al frente, la naturaleza lo impregna todo en La Palma. Conocida como la “isla bonita”, la riqueza en biodiversidad, con especies autóctonas, playas volcánicas y espectaculares paisajes, animan a descubrir cada uno de los rincones de esta isla asombrosa.

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Senderismo, ciclismo, buceo, parapente, kayak, excursiones en barco, paddle surf… la diversidad paisajística y de altitud, unida a las bondades del clima canario y sus suaves temperaturas a lo largo de todo el año, convierten a La Palma en un destino único para la práctica y disfrute de turismo deportivo o de ocio activo.

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El vino y la caña de azúcar han sido parte fundamental e indisociable de la identidad palmera. Elementos básicos del paisaje agrícola y dinamizadores comerciales gracias a la actividad exportadora desde el siglo XVI. Hoy conviven con los afamados quesos palmeros, los típicos mojos y una gran variedad de productos en torno a una gastronomía de primer nivel.

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El cielo de La Palma es un privilegio. Tanto es así que está protegido por ley para combatir la contaminación lumínica: las luces en ciudades son tenues y apuntan bajo, restringiéndose fuera de ellas. Eso, unido a la espectacularidad de lugares como el Roque de los Muchachos, congregan una incipiente afición al turismo de estrellas o astroturismo.

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